Este pasillo de 6 metros de ancho sirve como un escalofriante testimonio de las defensas de la guarida, plagado de una docena de estatuas de humanoides aterrorizados congelados eternamente en piedra. La tenue iluminación proyecta sombras alargadas sobre los rostros petrificados, creando una atmósfera de pavor palpable y bloques de visión ideales para la iluminación dinámica de los VTT. Tácticamente, estas figuras de piedra actúan como cobertura pesada contra ataques a distancia, aunque moverse entre ellas genera cuellos de botella peligrosos. Los intrusos deben navegar con cuidado para evitar activar placas de presión ocultas o entrar en la línea de visión directa de la entidad que dejó atrás a estas víctimas.



