Este despacho formal de los años 1920 presenta un entorno austero, perfectamente organizado para una dramática lectura de testamento. La sala está dominada por un pesado escritorio de roble donde descansa un gran sobre manila sellado, atrayendo de inmediato la atención de los investigadores. Las sillas están meticulosamente dispuestas para la familia y los invitados, creando una atmósfera opresiva. Las estanterías y los archivadores que bordean las paredes ofrecen una excelente cobertura pesada durante un tiroteo inesperado o una búsqueda frenética de documentos. Tácticamente, la habitación cuenta con una entrada principal a través de puertas dobles de caoba, y una posible salida secundaria detrás del escritorio del abogado. La iluminación es tenue y atmosférica, proyectada por una lámpara de banquero de cristal verde y grandes ventanales, ideal para configurar luces dinámicas en plataformas VTT. Las sillas actúan como terreno difícil, mientras que el enorme escritorio sirve como barricada defensiva principal para cualquiera que quede atrapado en el fuego cruzado.



