Este mapa táctico ilustra un cuartel de guardias pragmático, situado en el anexo de una finca o fortaleza. La sala está dispuesta de forma metódica con diez literas, cada una acompañada de baúles personales que pueden ofrecer cobertura parcial durante una escaramuza. En las esquinas, los maniquíes de entrenamiento de madera se alzan en silencio, mientras que el detalle más alarmante siguen siendo los armeros completamente vacíos a lo largo de las paredes, lo que sugiere una movilización de urgencia o un robo interno. Para los encuentros en VTT, este espacio confinado crea un entorno de combate cuerpo a cuerpo frenético. Los pasillos estrechos entre las camas actúan como puntos de estrangulamiento naturales, limitando el movimiento y forzando un posicionamiento estratégico. La iluminación es tenue, reflejando el turno de noche, proyectando largas sombras que los pícaros o infiltrados pueden explotar para acercamientos sigilosos. Los armeros vacíos y los baúles ofrecen oportunidades excelentes para la investigación o tácticas defensivas improvisadas.



