Este espacio extremadamente estrecho está abarrotado de montones de cuerdas gastadas, lonas polvorientas y barriles rotos, lo que dificulta el movimiento y hace que el posicionamiento táctico sea vital. Un fuerte olor a pescado podrido y vinagre inunda el aire, ocultando potencialmente el rastro de enemigos escondidos o bienes ilícitos. La puerta desvencijada ofrece un punto de entrada precario, obligando a los personajes a escabullirse o apartar los escombros para establecer una línea de visión. La escasa iluminación y el gran desorden proporcionan excelentes oportunidades para que los pícaros se escondan, convirtiendo este pequeño armario en un cuello de botella mortal o en una última línea de defensa.



