Este amplio salón, aunque lujosamente decorado, resulta asfixiante debido a la gran cantidad de asistentes aglomerados entre gruesas columnas de mármol. Pesadas cortinas de terciopelo ocultan la ciudad moderna, bañando la estancia en el tono carmesí de candelabros tenues y creando sombras en movimiento ideales para espiar o pasar desapercibido. Tácticamente, la densa multitud funciona como terreno difícil y cobertura móvil, lo que dificulta los ataques de área pero facilita los golpes furtivos. Un estrado elevado al fondo ofrece una vista dominante de la sala, mientras que varias puertas de roble reforzado sirven como rutas de escape o cuellos de botella mortales en caso de emboscada.



