En lo alto de unas montañas implacables, esta siniestra fortaleza ofrece un entorno táctico dividido entre exteriores traicioneros y un interior asfixiante. Afuera, los personajes deben lidiar con lluvias torrenciales, deslizamientos de lodo y muros de piedra resbaladizos que hacen que cualquier aproximación sea extremadamente peligrosa. El clima adverso proporciona ocultación natural, pero limita la visión y el movimiento, forzando decisiones tácticas antes de irrumpir en el castillo. En el interior, la atmósfera cambia a una quietud macabra dentro de una lúgubre sala de recepción dominada por una enorme mesa de banquete. La luz parpadeante de las velas proyecta sombras engañosas sobre el suelo de piedra. La pesada mesa de madera y los muebles antiguos sirven como una excelente cobertura pesada durante los combates, mientras que los estrechos arcos de entrada crean cuellos de botella letales para los intrusos.



