Esta enorme fábrica de ladrillos de cuatro pisos está fuertemente asegurada, rodeada de alambre de púas y custodiada por agentes tácticos armados con rifles de asalto. El exterior ofrece múltiples vectores de infiltración, desde aprovechar la altura de los techos hasta avanzar con sigilo por las sombras industriales, lo que lo convierte en un escenario ideal para redadas de SWAT u operaciones clandestinas. En el interior, el ambiente se vuelve opresivo. Una sala de interrogatorios aislada cuenta con una gran mesa y un imponente espejo de doble fondo, bajo una luz cenital implacable. Los estrechos pasillos que conducen a esta sala central funcionan como peligrosos puntos de estrangulamiento, exigiendo una excelente coordinación táctica y el uso de iluminación dinámica en cualquier plataforma VTT.



